El pasado diciembre, en la edición del Primavera Club que se llevó a cabo en Madrid, tuvimos ocasión de ver a una banda que cerró un trío de conciertos perfecto. Tras Little Joy y Devendra Banhart, ambos presentando sus últimos retoños discográficos (en el caso de Little Joy, también primero), subió al escenario una formación que, además de continuar con el espíritu guitarrero y “buenrollista” que envolvió al público durante la genial actuación del señor Banhart, hicieron botar y tararear a una sudorosa sala.
Fuera las tensiones de la semana, fuera las malas vibraciones. Cuando Port O’Brien sube al escenario, la energía que van a derrochar se palpa al instante. Una mezcla de instrumentos acústicos con eléctricos, un folk más rockero de lo que nos tienen acostumbradas las bandas que se autodenominan “folkies”. Port O’Brien es el lugar donde se conocieron los padres de uno de los miembros fundadores, Van Pierszalowski, quien comenzara como dúo junto con Cambria Goodwin. A medida que las canciones se iban difundiendo, los seguidores y las actuaciones iban también aumentando, hasta llegar a lanzar su álbum debut “All We Could Do Was Sing”, en verano de 2008. Un álbum basado en las vivencias de Pierszalowski y Goodwin durante los largos veranos que pasaban en Alaska. Un disco que finalmente les lleva a la carretera.
Durante 2009, la banda comenzó a preparar “Threadbare”, el que sería el nuevo trabajo, más introspectivo y melancólico que al anterior, debido a la trágica pérdida del hermano menor de Cambria. Y éste, es el disco que vienen a presentar esta semana en España. “Un disco honesto, hipnotizante y con potentes himnos”, tal y como reza la promotora. Una esperada evolución a demostrar sobre las tablas, que esperemos no deje de lado la alegría y la picaresca que desprendieron la última vez que pudimos verlos.
Port O’Brien estarán tocando hoy en la sala Razzmatazz 3 de Barcelona, mañana en Moby Dick en Madrid y este sábado en Doka, San Sebastián.
VANESSA PASCUAL
El concierto estuvo muy bien pero no llegó a ser genial. Haced la siguiente prueba: te abstraes de la realidad decorativa del Florida Park, coges a Banhart y sus amigos de NY, los trasladas a una nave industrial de su ciudad, son las 2 de la mañana de un sábado normal, han bebido y fumado marihuana, visten sus ropas de hoy en día, se saben buenos músicos, con talento… cogen sus instrumentos y empiezan a tocar, se divierten, están en compañía. Al líder, se le da bien el folk; el pianista, es un coorner en potencia; el bajista, bebe de otras influencias; y todos juntos, la noche, el frenesí, se lanzan a tentar la psicoldelia.
Al talento dale tiempo, para comprobar si es genial.
Espe, radical…
tell me why, tell me why… banhart el segundo día… pero a mi me pareció genial!!! ;O)
Vane, la actuación de Banhart no fue “genial”