Micah P. Hinson y la banda sonora de su existencia

micahphinson_masquecineHay  músicos que con el tiempo y las visitas se van haciendo un hueco en el corazón de un país lejano o una ciudad desconocida. Micah P. Hinson es uno de ellos. Con apenas 28 años, Hinson se ha hecho su espacio en Madrid. Ya pueden tocar tres grupazos en un festival invernal, que la gente acude en masa a verle a él. El otro día compareció acompañado de Tachenko, en la primera jornada de la V Edición del Heineken Greenspace. Los aragoneses solventaron a la perfección una papeleta complicada, pero divertida. El de Albine venía a presentar su visión personal de los grandes clásicos del siglo pasado, recogidas en su disco “All Dressed Up & Smelling of Strangers“. Ahora está viviendo un buen momento personal, no siempre fue así.

Con veinte años, Micah P. Hinson lo había perdido todo. Con veintitrés empezaba a grabar, a los veinticinco volvía a ser libre.  Si  como decía Oscar Wilde “el arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos”, Micah tiene muchas lágrimas y muchos recuerdos que recorren sus canciones. Reflexiones en voz alta de los errores y los olvidos.

La voz de Micah tiene el peso de las grandes voces trotamundos y no tardaron en aparecer las odiosas comparaciones, que hablaban de Johny Cash, Leonard Cohen o Nick Cave. En realidad tiene un toque sumamente personal. Cuando salió de la cárcel con veinte años, era un “sintecho”. Se hospedaba en suelos de cuartos conocidos y encontró trabajo en una empresa de telemarketing. Durante ese tiempo, Micah escribía compulsivamente temas que iban almacenándose en cajones.

En el invierno de 2003, su suerte cambió, iniciando la lenta salida del camino al infierno. Unos viejos amigos de Texas, que tenían una banda (The Earlies), revisaron esas canciones y de aquello salió “Micah P. Hinson and the Gospel of Progress“, su primer disco. Desde entonces, las buenas críticas no han parado de llegar y todo ese apoyo ha rehabilitado a un Hinson que a sus veinticuatro años sacaba su segundo disco, “Baby And The Satellite“, y un año después el tercero, “Micah P. Hinson And The Opera Circuit“.

El otro día apareció vestido con camisa blanca, corbata roja, y una boina estilo Texas. Hinson se mostró muy hablador todo el rato, con una asombrosa falta de ego y un sentido del humor propio de su tierra. Arrancó con “This Old Guitar”, una versión de John Denver que suele incluir habitualmente en su repertorio. Micah se presentaba por cuarta vez en Madrid y quería ofrecer un sonido diferente. Las canciones de Micah, como las buenas historias, no cansan por repetidas, pero se agradece la idea de narrar las historias que componen la banda sonora de su existencia. Del “Are You Lonesome Tonignt” de Elvis al “Running Scared” de Orbison no hay tanta diferencia, pero en temas como el “Yard of Blonde Girls” de Jeff Buckey o “The Darkness” de Richard Hawley, ya hay un salto. Hinson se presentaba con disculpas por su atrevimiento, por la tropelía de cantar las canciones que él venera. Tal vez por ello quiso disimular con algunos de sus éxitos, pocos, los menos escuchados quizá. “Letter to Huntsville” llevaba tiempo sin sonar, bastante más que “Beneath the Rose” o “As you can see”, que fueron las escasas menciones a su cancionero. Divertido, caótico, original, careciendo totalmente de pose, Micah charlaba con los que se atrevían a preguntar en alto. Pidió incluso que subiesen el concierto a YouTube para que su mujer lo pudiese ver desde casa.

Lo malo de los festivales es que existe un horario que respetar. El tiempo sorprendió a Micah tanto como que la gente insista en escuchar sus canciones. Aparecieron las prisas y las disculpas, al público y a Dylan, por cerrar una gran noche con el clásico de “The Times Are A-Changing”. Una lástima. Se despide como siempre pero más borracho, no le dio tiempo a tocar el “Patience” que figuraba en el setlist, da igual. Su último disco, “All Dressed up and smelling of strangers” es un lindo trabajo de historia musical. Grandes canciones de gente muy variada tocadas con cariño. Hinson hace suyos esos préstamos, pero son eso, préstamos, y como tal hay que devolverlos. Por eso la noche fue especial.

TEXTO: ALFONSO CARDENAL

FOTO: VANESSA PASCUAL

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