Lydia Lunch, escúpeme a la cara

lydialuch_masquecineParís. Barrio de Marais, uno de los más auténticos y menos turísticos de la ciudad. Uno de esos en donde puedes comer un buen menú, en un pequeño restaurante familiar con ocho mesas de manteles de cuadros, y que puedes hacerlo a un precio razonable.

A la vuelta de la esquina una tienda de discos de las que cada vez más hacen falta y que cada vez más son devoradas por las grandes superficies. Una tremenda y ecléctica selección de discos cuyas portadas sólo había visto en internet, si es que las había visto. De fondo una voz desgarrada de mujer que, más que cantar, habla, grita. En cierto modo me recuerda a Tom Waits cuando habla, aunque éste es mucho más melódico. Quizás es la actitud. Empieza a picarme la curiosidad.

Una buena variedad de estilos musicales que acompañan versos (no entiendo todo a la perfección, pero no parecen frases de amor). El primer tema parece un R&B al uso, pero con unos gritos no al uso. Después un tema de triphop que me hace recordar cuando descubrí este género allá por los 90. De repente suena un jazz que poco a poco va derivando a un punk con contrabajo y saxo. Todo muy oscuro, rodeado de humo. Y otra vez esa voz. Basta.

Me acerco al dependiente. Un tipo de unos cuarenta, estilo típico-francés-con-boina-que-nos-viene-a-la-cabeza. Antes de abrir la boca, observo el mostrador (mi madre me ha enseñado a ser así de cauta, a pensar y observar antes de preguntar, y mientras ella no esté delante, trato de serlo) y ahí mismo frente a mis narices un disco de color rojo con la cara de una mujer que no me es para nada familiar. Este es el disco que está sonando ¿verdad?, pregunto. Asiente. Lydia Lunch, pone. La portada parece de los ochenta, pero no, la que es de los ochenta es ella. Un look a lo Siouxie Sioux, pero con sonido diferente. Me lo llevo, junto con otras dos recomendaciones del amable típico-francés-con-boina-que-nos-viene-a-la-cabeza en cuya mirada reconozco ese “qué freak es esta tía”, cuando le solicito amablemente que me enseñe más discos con unas pautas claras: que estén cercanos a la improvisación, al jazz, que sean mujeres las que componen y, sobre todo, que no los conozca. Da en el clavo. Seguro que él también es un freak.

Madrid, llego directamente a trabajar y me llevo los discos. Tengo que escucharlos ya. Lydia Lunch. Vale, tiene temas y temas. El disco es un recorrido por la carrera de esta mujer. ¿Recorrido? ¿Carrera? ¿Pero quién es esta tipa?

nowave_lydialuch_masquecineVaya, Lydia Lunch es cantante, poeta, escritora, fotógrafa, actriz… creadora. No ha parado ni un solo momento de su vida y siempre se ha mantenido alejada de las oleadas comerciales, buscándose y expresándose con todos los medios que se ponen a su alcance. Originalmente Lydia Koch, recibe el apodo de Lunch porque robaba comidas para sus hambrientos colegas artistas. En 1976 monta un grupo, Jesus & The Jerks con un tal James Chance, músico punk-funk-jazz también conocido en la escena underground neoyorquina. Los dos forman parte del movimiento llamado No Wave (arriba varios miembros de este movimiento, Lydia Lunch encima del coche). Varias colaboraciones con otros artistas como Nick Cave…, la verdad es que le pega. Varios discos e incluso su propia discográfica, donde publica sus canciones y discursos. En 1997 ve la luz Paradoxia, publicado en España por la editorial Melusina, una historia que parece autobiográfica. Lo busco y lo leo.

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Lunch no ha tenido una infancia fácil. Su padre intentó violarla en varios episodios de su adolescencia. Esta mujer te escupe a la cara cuando escribe. Paradoxia es la historia de una joven buscándose la vida en Nueva York, una ciudad que ofrece oportunidades, pero que también te las quita. La venta de drogas y el sexo son sus maneras de sacar dinero. No se considera puta. No sale a hacer la calle, simplemente sabe el poder que tiene su sexo y cómo puede sacar lo que quiera a cambio del mismo. Identifica a sus víctimas cual depredadora, en una narración llena de gritos, vómitos, sangre, flujos, drogas, adrenalina. Un buen reflejo del panorama No Wave de aquellos años, supongo. Una narración brutal que en muchas ocasiones llega a rozar la repugnancia.

Paradoxia, según un libro de Krafft-Ebing que trata una serie de desviaciones sexuales, es cuando se produce deseo sexual en una etapa en la que no corresponde, como en la infancia o en la vejez. En este sentido, cada escena de Paradoxia plantea que hay otras alternativas (sobre todo en lo sexual) mientras uno tenga voluntad de llevarlas a cabo, y que no hay edad ni género que pueda delimitar la sexualidad de las personas. Éste es, sin duda, un libro que puede resultar desagradable en algunas ocasiones, pero que también plantea interesantes preguntas sobre género y sexo. La edición española lleva además un prólogo de Virginie Despentes, de la que ya se ha hablado aquí con anterioridad. Es curioso que se dice que Lydia Lunch escribe como un hombre y de hecho sólo se la compara con autores como Bukowski, Burroughs o el mismísimo Marqués de Sade. Y es que su narración es dura, sí, pero sobre todo porque viene de un cerebro femenino que para muchos puede que tuviera que haber estado confinado a tareas mucho más nimias.

VANESSA PASCUAL

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3 Comments

  1. gabi
    11 Noviembre 2009

    Vaya… buen descubrimiento…

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