No recuerdo la primera vez que oí hablar de Hunter S. Thompson, pero recuerdo perfectamente el impacto que me causó su lectura. Francamente, no es lo mismo leer a Thompson en el s.XXI, que escandalizarse con sus relatos allá por los años 60. El estilo es el mismo, la capacidad de sorprender diferente.
Thompson fue un personaje diferente toda su vida. El único colaborador de Rolling Stone que jamás escribió de música. Un tipo amante de las drogas que cargaba a cuestas con una máquina de fax para enviar unos artículos que, aún así, siempre llegaban tarde, ilegibles, llenos de tachaduras. Tal vez por ello sus escritos fuesen tan crudos, tan agresivos, tan honestos.
Su infancia está llena de sucesos de esos que los psicólogos apuntarían en un bloc en letras rojas. Quedó huérfano de niño, al cuidado de una madre alcohólica. Siendo adolescente fue arrestado por robo, luego se alistó en el Ejército.
Al cumplir los veinte años se mudó a Nueva York y empezó a trabajar en la revista Time, de la que fue despedido por insubordinación. Parecido final tendrían sus próximos trabajos. A principios de los años sesenta se trasladó a Costa Rica para trabajar de periodista deportivo. Allí Hunter pasaría por varios trabajos periodísticos. De esa experiencia saldría muchos años después “El diario del Ron”, un libro apasionante de sus andanzas al límite.
A su regreso se casó con su novia de siempre con la que tuvo un hijo y varios abortos. La pareja se divorció veinte años después y mantuvo una buena relación hasta la muerte de Thompson.
En 1964 Hunter se enroló en la banda motera Los Ángeles del Infierno, la misma que asesinó a un joven en un concierto de los Rolling Stones en Almont, cuando se les había encargado la seguridad del evento. La relación se estropeó cuando la cuadrilla se percató de que el periodista ganaba dinero relatando las historias de la banda. Todo terminó con una brutal paliza a Thompson y la publicación unos meses después de Hells Angels: la extraña y terrible saga de las bandas forajidas de motociclistas, 1966.
Su primer artículo publicado en Rolling Stone fue “Freak Power in the Rockies”, en el que relataba su candidatura de 1970 para sheriff del condado de Pitkin, Colorado, como miembro del partido “Freak Power”. Thompson perdió en una estrecha votación, habiendo prometido en su campaña la despenalización del consumo de drogas (no así del narcotráfico, que desaprobaba completamente), destruir las calles y convertirlas en peatonales para que la gente camine, prohibir edificios tan altos que escondan el paisaje y la vista a las montañas.
A pesar de que su trabajo siempre podía tener referencias a músicos norteamericanos populares, sus historias iban más allá del mero artículo de opinión. Era lo que el periodista estadounidense Bill Cardoso bautizaría en un momento como Periodismo Gonzo, tras leer el artículo de Hunter, El Derby de Kentucky es Decadente y Depravado, en el que Thompson, lejos de concentrarse en la mera crónica del evento deportivo, opta por describir el halo de decadencia y alcoholismo que surgia alrededor de este tipo de espectáculos. El Gonzo es un estilo en el que prima la subjetividad y, sobre todo, al periodista como actor en la historia, más que como sujeto observador.
Thompson trabajó treinta años para la revista musical escribiendo de temas diferentes y escandalosos. Sus dos libros más conocidos Miedo y Asco en Las Vegas y Miedo y asco en la campaña presidencial de 1972, fueron publicados (por entregas) en la revista.
En 1998, Terry Gilliam llevó al cine la novela de Hunter, “Miedo y Asco en las Vegas”, con Johnny Depp y Benicio del Toro como protagonistas de esta surrealista narración basada en el verdadero viaje de Thompson y Óscar Zeta Acosta a Las Vegas. En esta novela, Thompson no hace sino alterar y exagerar hechos reales para ofrecer al lector unos personajes desviados que siempre terminan ridiculizando y degradando la tendencia consumista y el ansiado “sueño americano” de la época.
Thompson se disparó en la cabeza el 20 de febrero de 2005 en su casa con sus hijos en la habitación de al lado. Tenía 67 años. Unos días antes de su muerte su mujer recibió una carta que tiempo después publicó la Rolling Stone. Febrero siempre fue un mes triste para Thompson, escribía su amigo Douglas Brinkley, “llevaba tiempo con dolores de su operación de cadera y estaba deprimido”. Hunter era amante del fútbol americano y la temporada acaba en enero. “Llevaba días hablando de suicidio”. En la carta que le llegó a su mujer, titulada “Football Season Is Over”, Hunter se despide así:
“No más juegos. No más bombas. No más caminar. No más divertirme. No más nadar. 67. Eso es 17 años después del 50. 17 más de los que necesitaba o quería. Aburrido. Siempre soy malicioso. Nada de diversión – para nadie. 67. Te estás haciendo codicioso. Es tu avanzada edad. Relájate – Esto no te dolerá.”
El año pasado se presentó un documental sobre la vida del periodista. El director Alex Gibney, quien ya hiciera temblar al público con el documental político “Taxi al lado oscuro”, se encargó de la dirección de un documental basado en los capítulos más intensos de la vida de Hunter S. Thompson. Narrado por el mismo Johnny Depp y con una gran banda sonora, el documental cuenta también con testimonios de personajes del momento, como Tom Wolfe o Jimmy Carter. (Gonzo: The Life and Work of Hunter S. Thompson, 2008)
ALFONSO CARDENAL / VANESSA PASCUAL
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