Los tiempos cambian, las personas también… las guerras son las mismas. Ciertos factores mutan y evolucionan, la esencia viene a ser parecida. A pesar de ello el hombre tiende a ensalzar unas contiendas y a condenar otras. Se puede decir que las dos primeras guerras mundiales responden a una lucha por la libertad de las naciones oprimidas por los totalitarismos. Son las llamadas guerras nobles. En cambio Vietnam o Irak son guerras horribles. ¿La causa de los conflictos condiciona el tipo de hombres que luchan en ellas?
La contienda asiática fue el primer conflicto retransmitido vía satélite en tiempo real. Casi cada acto o maniobra se grabó, principalmente por el Ejército de EEUU. De hecho, con el tiempo, el Ejército hizo público los brutos grabados en la contienda, con los que la televisión pública francesa rodó tres documentales que ilustran todo lo que sucedió en aquella cinematográfica guerra.
En Irak sucede algo parecido. “Los errores se ven más. La II GM fue un exterminio lleno de barbaridades, pero esas cosas el público no las veía”. Son palabras del Sargento Brad Colbert del cuerpo de marines de los EEUU, personaje (real) principal de la serie de HBO “Generation Kill”, que compartió su participación en la contienda con un periodista.
Home Box Office apostó hace unos años por mostrar las vidas reales de los combatientes norteamericanos. Primero vino “Bang of Brothers”, diez episodios en los que el espectador se metía en la piel de un grupo de paracaidistas que saltó sobre Normandia el Día D. Entre ese grupo de gente había hombres excepcionales. Eran otros tiempos. Decenas de jóvenes se suicidaron cuando el cuerpo de marines les negó la entrada como voluntarios por defectos físicos. Ese botón ilustra el tipo se hombres que cruzaron el Atlántico para liberar Europa. Al finalizar la serie esos tipos son héroes, amigos, gente que sacrificó años de su vida para hacer de este mundo un sitio mejor. Ahora HBO ha retomado la II GM para narrar los combates que tuvieron lugar en el océano Índico en “The Pacific”. Distinto escenario, distinto enemigo, misma guerra.
Irak, ¿un guerra amoral?
Entre medias la productora de televisión le echó agallas para viajar a Irak. Han transcurrido cuarenta años, pero la misión es la misma, “liberar”. Los hombres no son iguales. En “Generation Kill” resulta difícil sentir empatía por alguno de los personajes, si en una escena les volasen la cabeza el público podría llegar a alegrarse. Son gente racista, inculta, amante de la violencia y en su mayoría jóvenes que vieron en la vida militar el mejor futuro a su alcance. No luchan por una causa, hacen su trabajo, y lo hacen con la misma entrega que el que descarga camiones o pica teletipos, se hace lo que hay que hacer y punto.
Eso, que a priori, puede suponer un falló, a la larga se muestra como el gran acierto de la serie. Te muestra lo que hay, sin edulcorantes belicistas. La serie narra las aventuras de un grupo de marines de reconocimiento que, incrustados en unos coches no blindados, recorren Irak durante su invasión hasta la caída de Bagdad en 2003. Entre ellos iba Evan Wright, periodista de la Rolling Stone que se consagró con sus reportajes y que finalmente escribió el libro en el que se basa la serie. En los extras del DVD aparecen hablando los personajes reales. A todos los parece real, bien captada la esencia, añaden pocos matices. Son así y así se muestran.
“Generation Kill” muestra todos los errores de la contienda. Falta de conocimiento del terreno y del enemigo, escasez de recursos y de traductores, gente capacitada para comprender el escenario, descoordinación, falta de asistencia a los iraquíes y entre lo más grave, ausencia de un plan para llevar la democracia tras la caída de la dictadura de Saddam Hussein.
La serie muestra la desesperación de unos hombres obligados, en muchas ocasiones, a cumplir unas órdenes inapropiadas o fuera de lugar. Muestra asesinatos de civiles, bombardeos en lugares equivocados, abandono a la población que se rinde, violación de la Convención de Ginebra, pero no sucede nada, como en tantas otras guerras. A esos chicos les enseñan a matar, no a ser hombres. Les dan un M16 y les ponen en primera línea de combate en un carro sin acorazar y les avisan de que pueden ser atacados por suicidas. Apenas duermen, se alimentan mal, llevan pañales porque no pueden salir del carro y no se descalzan en semanas. Si a todo esto le sumas pastillas estimulantes y misiones nocturnas sin gafas de visión nocturna, acabas obteniendo a un grupo armado desquiciado. Eso es “Generation Kill”, la crudeza y la realidad de la guerra como nunca se había contado, aunque de ello no resulte el film bélico más entrañable de la Historia.
Conversación con el primer escuadron de reconocimiento de los marines
ALFONSO CARDENAL


Leave a comment