El tren fue, hasta la popularización del avión, el gran medio de transporte del hombre junto al caballo. Los trenes han servido también, en el imaginario norteamericano, como escenarios de grandes aventuras, viajes peligrosos y asaltos temerarios.
Millones de personas han usado el ferrocarril para llegar a sus destinos, pero pocas han tenido la suerte de elegir para sus vagones entre un amplio elenco de estrellas. Sidney Lumet escogió en 1974 a Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Sean Connery, Albert Finney, Anthony Perkins, Vanessa Redgrave y Jacqueline Bisset para ser los pasajeros del Orient Express del libro de Agatha Christie. Unos años antes un tren, que cruzaba Canadá de Este a Oeste, aglutinó a buena parte de las estrellas de la música de las décadas de los años sesenta y setenta.
“Festival Express” es el nombre del tren y del documental que cuenta la historia y la semana que pasaron de viaje gente como Janis Joplin, The Band, Greatful Dead, Flying Burrito Brothers o Buddy Guy. La aventura tuvo lugar un año después de Woodstock y unos meses antes de la muerte de Janis Joplin.
La idea fue un desastre económico, el trayecto tenía varias paradas con festivales programados y desde el primero los organizadores vieron que el proyecto no sería rentable. A pesar de ello siguieron adelante. La costosa idea contaba con dos trenes restaurantes preparados con amplificadores y bebida para parar un tren (con todo tuvieron que parar a mitad de camino a repostar). Si Woodstock fue un festival para los asistentes, esta extraña experiencia estaba dedicada a los músicos. No fue un viaje fácil, estuvo lleno de problemas. Desde la primera parada los asistentes se manifestaron para que el festival fuese gratuito, el asunto estuvo a punto de derivar en violentas protestas.
Las historias del tren son instantes mágicos, momentos de improvisación, de música en estado puro, de mezcla de ideas, géneros y músicos. Una lectura de la forma de vivir y de entender el arte como parte de un movimiento colectivo, como miembros de una generación que creyó que otro mundo era posible. Las conversaciones, los intercambios de anécdotas se mezclan con el paisaje y los acordes de alguna guitarra de segundo plano.
Un documental tan brillante como desconocido que narra una historia musical digna de ser escuchada, además de algunas excepcionales interpretaciones de artistas que estaban en las cimas de sus carreras.

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