«Cuando el niño era niño caminaba relajado. Quería que el arroyo fuera río. Que el río fuera torrente y que este charco fuera el mar. Cuando el niño era niño no sabía que era niño. Para él todo era divertido y las almas eran una. Cuando el niño era niño no tenía opiniones ni costumbres. Se sentaba en cuclillas y se escabullía de su sitio. Tenía un remolino en el cabello y no ponía caras raras cuando le fotografiaban .»
El cielo sobre Berlín (1987, Win Wenders). Una obra poética. Pura poesía sobre la humanidad. Peter Handke (autor del poema anterior) escribe junto con el mismo Wenders unos diálogos que reflexionan sobre la vida, la muerte, las preocupaciones más frecuentes del ser humano y las pequeñas cosas cotidianas en las que generalmente sólo nos fijamos cuando somos niños.
Damiel (Bruno Ganz) y Casiel (Otto Sander) son dos ángeles que vagan por un Berlín de finales de los 80. Un país dividido, no recuperado todavía de la posguerra, con un futuro cercano que sus ciudadanos quieren ver esclarecer. “El pueblo alemán se ha dividido en tantos pequeños estados como individuos.” Homero (Curt Bois) “Es imposible perderse en Berlín, siempre vas a parar al muro.” Marion (Solveig Dommartin) Estas dos almas errantes escuchan los pensamientos de todo el mundo (casi constante voz en off) y sólo pueden ser vistos por los niños, que aún piensan en cosas que los adultos han dejado de cuestionar.
Damiel comienza a plantearse el deseo de experimentar todas esas emociones de las que únicamente es testigo observador. Quiere dejar de saberlo todo y comprender el sentido de las palabras que escucha. De hecho hay una escena muy curiosa en el interior de un coche, en un concesionario, en la que los dos ángeles están contándose lo ocurrido en el día (”Una mujer ha cerrado el paraguas a pesar de que llovía para poder mojarse“) y en la que Damiel le transmite a su compañero que quiere sentir el peso del alma, dejar de ser infinito y sentir el ahora: “Emocionarme por la forma de un cuello, de una oreja. Mentir, si parar, y sentir el peso de mis huesos al caminar. Adivinar algo en lugar de saberlo todo siempre.”
Además de una geometría perfecta en el planteamiento de la fotografía, como de la utilización de planos aéreos bellísimos de la ciudad de Berlín, Wenders utiliza el blanco y negro para las escenas vividas por los ángeles, que por no sentir, no sienten ni los efectos de los colores; y el color para las escenas vividas por los humanos. Asimismo, uno de los puntos de reunión de los ángeles es la Biblioteca Estatal de Berlín, donde se producen escenas muy bellas y sobrecogedoras, al ser un sitio donde son capaces de escuchar un sinfín de pensamientos.
Este edificio, considerado una de las obras más impresionantes de la arquitectura moderna, es donde se nos da a conocer a Homero, una narrador que simboliza el contacto con el pasado y que tiene la sensibilidad suficiente para ver a los ángeles: “¿Que pasa con la paz que no consigue apasionar largamente y que apenas se deja de escribir.”
Sin duda dos de las curiosidades más encantadoras de la película son la presencia de Peter Falk, el actor que da vida al teniente Colombo, interpretándose a sí mismo mientras rueda una película sobre la época nazi en Berlin y que además también es un ángel que decidió convertirse en mortal. Como también la música de estilo gótico del momento, con actuaciones de grupos como Nick Cave and the Bad Seeds:
VANESSA PASCUAL
“El cielo sobre Berlín” me parece una película extraordinaria. Tanto líricamente como visualmente es realmente inefable, de lo hermosa que es. No hay diálogo, monólogo o pensamiento que no sea increíblemente bello, hasta lo más cotidiano, hasta lo más simple, sin jamás forzar la estructura narrativa ni excederse verbalmente.
Agradezco que Wim Wenders haya realizado este film y que la haya escrito con Peter Handke, cuyos poemas son de una pureza absurda y de un impacto sublime en el alma.
rayada de película…