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“To shoot an elephant”, de Alberto Arce y Mohammad Rujailah

Al otro lado del Mediterráneo -hoy hace justo un año-, lejos de la costa del sol y sin ningún atisbo de ella, se declaró el alto el fuego, del que ha sido el ataque que mayor número de bajas ha provocado en los últimos cuarenta años de conflicto árabe-israelí. 1.434 palestinos murieron a consecuencia de bombardeos y combates urbanos, de los que, según el Centro Palestino para los Derechos Humanos, 960 eran civiles, 288 menores de dieciocho años. Según el gobierno israelí, el objetivo era acabar con la “infraestructura terrorista” y la capacidad militar de Hamas, en respuesta al lanzamiento de proyectiles por parte de milicianos palestinos.

Lo indudable es que se inició una ofensiva por sorpresa, contra una región que no estaba preparada y sobre la que se estaba llevando a cabo un importante bloqueo, que controlaba y limitaba la entrada de mercancías, entre las que se incluían alimentos, medicinas y carburante; así como suministros de electricidad y agua. El ataque, enmarcado en la pre campaña de las elecciones a Primer Ministro de Israel y justo antes de la investidura de Barack Obama; duró 21 largos días en los que se estuvo atacando sin tregua a una agónica población, cuyo mayor objetivo de su existencia se limita a poder llevar una vida normal; sin el miedo, presión y ataque de un imperialismo herido capaz de todo.

“Disparar a un elefante”, título de un relato de George Orwell publicado por primera vez en 1948 (leer completo aquí), es también un relato sobre un testigo presencial en la Franja de Gaza. “Disparar a un elefante” es un cúmulo de narración e imágenes crudas, escalofriantes, sucias, terribles. 21 días de seguir atacando algo tan grande como un elefante, mientras él agoniza incapaz de defenderse. Un bofetón de realidad en toda regla, tan crudo como necesario. Un grito informativo contra las miles de imágenes e informaciones idénticas que alimentan la necesidad mediática de una población casi dormida, que sólo parece despertar con el espectáculo y que consume de manera indiscriminada toda la información que recibe y exactamente de la forma en la que ésta es elaborada. Una lucha contra los genocidas que regentan el poder de muchos países, pero también contra los medios que no informan y contra los Estados “democráticos” que no condenan a estos genocidas.

“Disparar a un elefante” hiere la sensibilidad de cualquiera que la tenga, pero también se convierte en el, probablemente, documento audiovisual más transparente y honesto de todo el material periodístico que surge al hilo de este conflicto. Por una vez es la gente del pueblo la que habla. Por una vez se rompe la barrera mediática, entre los afectados por la ofensiva y el público que normalmente permanece imparcial en su sofá. Hoy, una año después, se ha convocado un visionado global de esta película, de las casi dos horas que el gijonés Alberto Arce ha sido capaz de seleccionar y montar; dos horas de “periodismo empotrado”, como define él mismo, con la responsabilidad de verse convertido, en aquel momento, en único testigo de un asedio, al que se cortó el paso a otros periodistas, y teniendo él la labor de ser “la mano que enciende la luz en una habitación oscura”.

El listado de lugares, donde poder ver hoy y de forma gratuita esta película.
Web donde ver, descargar o comprar “To Shoot an elephant”
Notas del director aquí e información sobre los festivales donde ha sido presentada.

VANESSA PASCUAL

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3 Comments

  1. Cardo
    18 Enero 2010

    joder, que triste… y todos a callar la puta boca… que a Israel no se la toca, ya sufrieron lo suyo y ahora les toca joder, lo dramático es que el resto del mundo “democratico” no haga nada…

  2. aL
    18 Enero 2010

    Espectacular, un trabajo increible y arriesgado para mostrar lo que nadie más muestra…

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