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Recordando aquellos años salvajes

De izquerda a derecha aparecen Tony Fercos, Dasha Fercos, Sammy Davis Jr., Olga Fercos and Ferdinand Fercos, The Dunes Hotel, Las Vegas, 1977

ENTREVISTA A JAVIER MÁRQUEZ

A Javier Márquez (1978) le descubrí hace años leyendo las revista EFE EME cuando ésta todavía se compraba en los quioscos,  tiempo después cayó en mis manos un apasionante relato sobre los años salvajes del Rat Pack, ahora hemos tenido la ocasión de charlar un poco de música, de Westerns, de Kristofferson, Elvis, Sinatra o sus próximos trabajos.

Hola Javier, si te parece empezamos por el final, después de años hablando y escribiendo de música  has vuelto a la ficción, ¿de qué  trata tu primera novela?

Es una historia de misterio con ciertas dosis de terror. Es un homenaje al cine británico de serie B de los años cincuenta y sesenta, las películas de la Hammer, al tiempo que un tributo al ambiente de las historias de Sherlock Holmes con las que tanto he disfrutado desde niño. Está ambientada en 1956, y combina a una pareja de detectives de Scotland Yard, un actor real (Peter Cushing), un viejo profesor universitario, un oscuro magnate obsesionado por el ocultismo… Una novela de oscuras aventuras envueltas en la niebla…

Yo te conocí  por aquellos míticos cuadernillos de Efe Eme, Springsteen, Neil Young, Garfunkel…, buena música la de aquellos años. ¿De qué personaje te apasiona más su vida?

No podría quedarme con ninguno en concreto. Creo que la de Simon & Garfunkel es una historia muy interesante, con sus continuas reuniones y separaciones, cada cual con su propia carrera. Dos estilos antagónicos que se unieron para crear obras imperecederas.

Supongo que has tenido la oportunidad de verlos en directo, menudos huracanes, ¿no?

Sí, he tenido la oportunidad de ver en directo a todos los autores vivos de los que he escrito. Y aunque Springsteen o Young son geniales, siempre guardaré un recuerdo muy especial de dos conciertos concretos: Paul Simon en París en el año 2000, cuando tuve la oportunidad de saludarlo y charlar con él, amén de asistir a un recital para apenas cincuenta personas (empleado para algunos planos del dvd en directo que se editó); y Simon & Garfunkel en Roma en 2004. Fue impresionante. En primer lugar nadie hubiese imaginado que volverían a reunirse, y además, aquel concierto, ante el Coliseo, con 600.000 personas coreando las canciones al unísono… Aún se me ponen los pelos de punta al recordarlo. Eso es la magia del rock.

Luego escribiste  “Rat Pack, viviendo a su manera”, ¿se puede vivir de escribir libros de música en este país?

En este país es muy difícil vivir de escribir libros, sea de lo que sea. A no ser que estés bien encauzado, no hay forma. Y normalmente, los grandes autores,  los que venden bien y tienen sus extras (premios, colaboraciones, etc), suelen ser casi exclusivamente de narrativa.

Aquel libro resultó  fascinante, tanto la música como el reflejo social y político de la época. La música ha tenido personajes que han tenido un gran peso en la historia de los países, pero ninguno ha sido tan influyente como Sinatra, ¿no?

Desde luego. De hecho, no definiría mi libro como una biografía musical (a tres bandas), sino más bien como una crónica sociopolítica de los Estados Unidos en los años cincuenta y sesenta, a través de estos personajes. Pensemos que Sinatra ayudó a Kennedy a ganar las elecciones, que le facilitó el contacto con elementos mafiosos con los que la CIA llevó a cabo operaciones encubiertas en Latinoamérica… La influencia de Sinatra en la vida política, cultural y social del siglo XX es alucinante.

En ese libro hablabas de un trío fantástico; Sinatra, Martin y Davis Jr, ¿la historia de cuál te impactó  más?

Creo que la que más me impactó  fue la de Sammy, sencillamente porque es la más variopinta. La de Frank, por todo lo comentado, no se queda atrás. Sin embargo, mi preferido es Dino. El tipo iba a su aire, y tenía las narices de decirle ‘no’ a Charlie Lucky Lucciano cuando éste le propuso que lo interpretase en una película. Cuando todos iban de fiesta el prefería irse a ver westerns a su habitación. En el escenario bebía zumo de manzana y fingía la borrachera, aunque después, fuera, se las cogiese a cuadritos… Es un tipo muy interesante, y por supuesto, es puro encanto, todo sofisticación; el gran rey del cool.

Yo creo que me quedo con la de Sammy Davies Jr, su lucha racial, su abuso de las drogas, su música, sus ganas de explorar lo desconocido, su época en el porno, ¿no cree que Sammy no está lo suficientemente reconocido?

Es una pena que en España poca gente conozca a Sammy. Fue uno de los mayores artistas del siglo XX, y no exagero. Sammy hacía muchas cosas, pero lo alucinante es que era un maestro en todas. Su forma de cantar, de bailar, de tocar la batería o la trompeta, de interpretar en la pantalla, de hacer imitaciones… Era el gran artista del espectáculo, y desafío a cualquiera a que intente encontrar a otro maestro en tantas disciplinas. Sí, es una pena que hoy haya quedado relegado a su papel de “el negro del clan Sinatra”.

Luego te pasaste un rato por la vida del Elvis, ¿con qué capítulo de su vida te quedas?

Con los primeros setenta. Elvis en los 50 fue un revolucionario musical, un rayo en una botella. Abrió las puertas a la música como vehículo de rebeldía… Lo que quieras. Pero la grandeza musical de Elvis entre 1968 y 1973 es alucinante. Rock, soul, blues, gospel… Coge cualquier disco de estudio, y sobre todo, cualquier directo de ese periodo. Es la leche. Tanta energía, tanta pasión, tanta entrega…

Se te nota cierta fascinación por la cultura musical norteamericana, al menos la clásica, qué música actual escuchas…

Me gusta Blue Rodeo, que es un grupo de Americana muy interesante (aunque llevan sus añitos), Caléxico… Aunque reconozco que al no ser para nada amigo de escuchar la radio, me nutro sobre todo de referencias indirectas. Me encanta que un disco, un libro o una película que me descubran algo nuevo. Y para eso, claro el artista en cuestión debe llevar algún tiempo en activo. Además, ese tema me toca un poco las narices. Si hablas de arte, el 98 por ciento de la gente te cita a artistas de hace décadas o siglos. Pero en música o cine, parece que lo pasado es eso, antiguo, y que hay que estar al día de lo nuevo. Tranquilo. Si un grupo o un cantante valen la pena, seguramente seguirán en la brecha de un modo u otro dentro de veinte años. Ya los escucharé. Aún queda tanto por escuchar de hace diez, veinte, cincuenta, setenta años…

Ahora has escrito un tremendo reportaje sobre los outlaw del country donde destacas a Kriss Kristofferson como gran responsable del cambio musical de finales de los sesenta, además has tenido la oportunidad de entrevistarle, ¿qué destacas en Kristofferson?

De Kristofferson me encanta la cualidad literaria de sus letras. Muchas de ellas son casi como un cuento de Hemingway adaptado para cantar. ‘Sunday morning comin’ down ‘ (que decía Johnny Cash en su autobiografía que era la mejor canción que se había escrito), es una verdadera joya en ese sentido, como tantas otras. Me encanta su recreación de la cotidianeidad, del tipo que está sentado en un cuarto sucio fumando y contemplando su perdición, o del guerrillero nicaragüense que afronta sin recelos una muerte inevitable. Waylon Jennings fue el gran espíritu del movimiento outlaw en los setenta, pero Kristofferson aportó el bagaje conceptual.

¿No te pareció  “This Old Road” un trabajo excelente, el punto de vista de un veterano de mil guerras?

Es un trabajo portentoso, porque a través de una sencillez plena expresa una gran cantidad de mensajes complejos y definitivos. ‘In the news’ es de una fuerza arrolladora, las reflexiones a las que te conducen te dejan con cara de bobo. Y el cierre, ‘Final attraction’, es uno de los mejores homenajes que se han hecho a las grandes leyendas de la música y a su comunión con el público. En este sentido, creo que Kristofferson le debe mucho al productor Don Was, que es su Rick Rubin particular. Desde que trabajaron juntos en el disco A momento of forever, en los 90, han sabido ir atrapando cada vez con más precisión la esencia de Kristofferson y su trabajo. Su último disco juntos puede llegar a resultar tosco, casi un directo sin público, pero esa sencillez, esa pureza, otorga mayor realce al mensaje.

¿Crees que volverá a producirse un época de tanta efervescencia cultural como la de esas épocas?

No lo sé. Es difícil, y no por falta de talentos, sino por exceso de ejecutivos. Hoy el talento se silencia o se deforma. Hace cincuenta años Sinatra dio un zapatazo en la mesa de Capitol Records y creó su propio sello, Reprise, para que él y sus amigos tuvieran control artístico sobre sus grabaciones. Quince años después, Waylon Jennings logró una meta parecida. Hoy, los pocos con valor a dar ese zapatazo difícilmente alcanzarían la mesa. Y de hacerlo, comprobarían que alguien le ha cambiado su robusta bota por una alpargata.

Volvamos a los libros, en ellos cuentas cientos de detalles tan curiosos como sorprendentes, ¿cómo es la labor de documentación?

Tan intensa como puedo conseguir. Cuantas más historias y anécdotas compongan la gran historia, más interesante resulta para el lector, por lo que intento investigar en todas las direcciones; no sólo al protagonista, sino a todos los que lo rodean. Para ello, ahí están los libros, la prensa, los documentales… Pero Internet también ha abierto la puerta a una gran cantidad de documentación impensable hasta la fecha. Por ejemplo, para el libro del Rat Pack tuve la oportunidad de acceder a archivos sobre investigaciones del FBI alrededor de Sinatra, Kennedy, la Mafia… Del igual modo, también conseguí grabaciones exclusivas en vídeo del trío en el Sands. ¡Una verdadera joya! Lo mejor de escribir, sea narrativa o ensayo, es cuando las investigaciones previas te llevan a descubrir material que te deja helado.

Supongo que podemos esperar algo nuevo de ti… ¿en qué andas metido últimamente?

Pues acabo de terminar una novela negra ambientada en Las Vegas de 1955, en la que se dejan caer por sus páginas Sinatra y Dino, además de John Wayne y otros personajes reales. Tengo otra novela a punto de caramelo, que nos llevará en esta ocasión al México de 1973, con unos alter egos de Kristofferson y Sam Peckinpah.

Bueno, Javier, podría seguir haciéndote preguntas tres horas, para terminar me gustaría que nos recomendases un libro, una película y un disco por descubrir…

¡Menuda pregunta! Habría tantos… Veamos. Un libro: Trago amargo, de H.G. Haghenbeck. Lo compré en México hace varios años pero creo que Roca lo editó en España hace poco. Una verdadera delicia. Un libro que se disfruta de una sentada y que deja buen recuerdo por mucho tiempo, como cualquiera de los cócteles que cita. Una película: ‘Ciudad dorada’ (‘Fat City’), de John Huston. Soberbia, magnífica, indescriptible, con esos minutos iniciales, con Kristofferson cantando ‘Help me make it through the night’, que son ya por sí solos toda una historia. Un disco: Últimamente escucho bastante el ‘Don’t give up on me’, de Solomon Burke. Es un trabajo de 2002 que me parece fascinante. Había escuchado bastante de Burke, incluido algún directo con mucha energía, pero disco es puro soul, su mejor trabajo de lejos. Lo pinchas un sábado noche, te preparas un Southern Comfot con hielo y cierras los ojos. Toda la melancolía del viejo Sur te arrastra a terrenos insospechados. La alegría es tan aburrida. Haz la prueba y me cuentas. Si no vuelves a pincharlo al llegar al final, yo pago la ronda.

Un abrazo y seguiremos leyéndote…

Otro para ti, y muchas gracias por tan interesante entrevista.

ALFONSO CARDENAL

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Artículos Javier Márquez:

-Los regenerados del country

-Sam Peckinpah, a balazos con el sueño americano

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