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Electrónica para Clara, de Guillermo Aguirre: “una historia de erróneos, malentendidos y falsas señales de identidad.”

Guillermo Aguirre (Bilbao, 1984) es el autor de “Electrónica para Clara”, una novela ambientada en un desconcertante Madrid que es un archipiélago, un caos de locales y clubs, de fiestas y de vorágine. Un grupo de jóvenes que intentan sobrevivir a la propia fábula de su desordenada existencia. Un triángulo de amor, pasión y amistad en el que el juego de las dobleces y la música electrónica juegan un papel fundamental. Una historia transgresora, con una forma agresiva, musical, poética e irónica. Ganadora del XV Premio Lengua de Trapo de Novela, es la primera obra del autor y fue escrita cuando éste sólo contaba con 22 años.

El libro surgió, según el autor, de la manera más tonta. Casi sin darse cuenta escribió lo que es el primer capítulo de “la Electrónica” (como cariñosamente apoda al libro) que, mezclado con las Crónicas del gato, unos textos ya escritos que hablan de Madrid como si de un archipiélago de islotes se tratara, fueron conformando la novela. “En líneas generales fue una escritura muy cómoda en el momento dado en el que acepté que, con un narrador en primera persona, sólo podía hablar con cierta propiedad de mi experiencia vivida (llevaba años no queriendo aceptar esto por miedo a los tópicos nocturnos).”

La historia

Una historia de amor, de obsesión y de búsqueda. De búsqueda de sentimientos de identidad. En una atmósfera madrileña moderna, en la que la música, la noche y las drogas juegan papeles importantes. Unos personajes que parecen reales, en un contexto misterioso, en una ciudad surrealista. “Jonás, el narrador, pretende una y otra vez desentrañar el misterio que reside en el objeto amado (Clara) a la que una y otra vez, sus sentimientos parecen inventar y reinventar. Clara a un mismo tiempo, también se busca en lo que Jonás la dice, y se entrega o satisface esas metamorfosis en un intento de ser aquello que los demás ven en ella. Se trata de una historia de erróneos, malentendidos y falsas señales de identidad.”

La música electrónica como “rumor de fondo sobre el que la historia se va produciendo y sobre el que los personajes habitan”. A niveles formales, la novela tiene una estructura similar a la de una sesión de música electrónica, con extractos intercalados y frases que recuerdan las unas a las otras.

Madrid y Berlín

Guillermo Aguirre llega a Madrid desde Bilbao y queda sorprendido de la costumbre de los madrileños de desplazarse en metro por la ciudad. “Siempre me dio la idea de que Madrid era una ciudad compuesta por un millón de pequeñas partes imposibles de unir entre si, sin una lógica continuidad, digamos un millón de islas.” La ciudad de Berlín aparece ya avanzada la historia. Algo está ocurriendo que “en aguas madrileñas” van apareciendo restos de esta ciudad (carteles de locales, restos de monumentos, etc.). Un icono para la música electrónica y la escena, como a lo largo del siglo XX por ser la ciudad en la que se gestó el gran desastre de la segunda guerra mundial. “La novela también plantea un gran desastre sentimental. Me pareció que tenía sentido, que era la ciudad hacía la que inevitablemente llevaba la inercia del relato.”

A fin de cuentas, un novela generacional. Una historia de relaciones e identidades complicadas, con barrios y “fauna” del centro típicamente madrileños, y que pocas veces habíamos visto en una novela. Se habla de poperos, de modernos, de Dj’s, del mundo de la noche, del consumo de drogas. Todo ello en un escenario consumista propio de nuestros tiempos, en el que los objetos se convierten en personajes, presentados con su nombre (marca) y eslogan correspondiente. Un mundo atiborrado de publicidad con el que estamos más que familiarizados (el libro nos demuestra que somos conocedores de más eslóganes y marcas de los que realmente quisiéramos conocer).

TEXTO: VANESSA PASCUAL

FOTO: IRENE TAMAYO

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